
Hoy voy a dedicarme así improvisando, porque sin desde el ordenata de uno no es lo mismo, a confesar alguna de esas vivencias.
No creo mucho en los programillas estos de la Cuatro, que te arreglan la vida, tus cuentas, la vida en familia, pero al ver el panorama que contemplo en la orilla, sin duda tengo que decir que somos lo que comemos!
Tras rato leyendo un librete, un chapuzón que otro y vuelta y vuelta al sol, descubro que soy un bicho raro. 3 de cada 4 espécimenes, mientras yo me estoy metiendo un melocotón, ellos se han zampado dos bolsas de fritos, gusanitos o el copón en bolsa, pura química grefusiana. Todo ello para abrir boca, cuando llega la hora de zampar, bocatas para que os quiero! Los hay de todos los colores; de rojo choricete, salchichón, amarillo de queso e incluso colorados de la lata de mejillones que se meten. Ya hasta la hora de irse, se deleitaran con variados helados y es que la puñetera nevera no tiene fin
Que nadie se equivoque, que somos lo que comemos y que si ellos son felices, brindemos con la panceta en alto!